En el artículo La importancia de nutrir el alma con las Escrituras, parte V, hablé de la importancia de tener una preparación cuidadosa en el estudio de las Escrituras para que el resultado sea un alimento espiritual nutritivo y saludable. Para ello, mencioné dos de las tres condiciones esenciales para la buena preparación:  tener una disposición correcta y cocinar con los utensilios correctos. En este artículo hablaré de la tercera condición: formar los hábitos de estudio correctos, y la manera en que estudiar y aplicar la Biblia contribuye a nuestro crecimiento espiritual.

Formar los hábitos de estudio correctos

¿Ha intentado comer más sano y empezar una dieta solo para volver a comer chocolate unos días más tarde? La verdad es que no está solo. Romper hábitos y crear nuevos, los saludables en especial, puede resultar muy complicado. Pero por suerte no es imposible. Dicen que un hábito bueno debe sustituir aun hábito malo. Por eso, para crear hábitos saludables es importante comenzar a dar pasos pequeños y planearlo bien; de esa manera podrá cumplir con sus objetivos de salud y nutrición con mayor facilidad.

De manera similar sucede en la preparación del alimento espiritual saludable de la Palabra de Dios. Una vez que usted haya aprendido a preparar sus propias comidas espirituales y se disponga a saborear ese suculento platillo, es importante comenzar a formar uno a uno los siguientes hábitos de estudio que seguramente le ayudarán a interiorizar las Escrituras y aprovechar mejor los nutrientes que estas le ofrecen. Estos hábitos de estudio son los siguientes: oír, leer, estudiar, memorizar y meditar.

  1. Oír

Comenzamos a consumir las Escrituras. Casi toda la Biblia fue escrita para ser transmitida oralmente. Por lo tanto, cuando la escuchamos a través de la lectura en voz alta y enseñanza de pastores y maestros piadosos, estimula nuestro propio apetito por leer las Escrituras por nosotros mismos. Tomar notas mientras la escuchamos puede aumentar nuestra habilidad de retener lo que oímos.

Sin embargo, también podemos escuchar la Biblia narrada en nuestro estudio personal. Esto puede ayudarnos a aprender cómo los lectores entonan las palabras y ayudarnos a pronunciarla mejor cuando nos toque a nosotros leerla en voz alta. Sin duda, oír lo que dice la Palabra de Dios es la manera más simple y frecuente de aprender la Biblia. El apóstol Pablo confirma esta idea en su carta a los Romanos: «La fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Romanos 10:17, LBLA).

  1. Leer

Leer la Biblia nos da un cuadro global de las Escrituras y también es la base del tiempo a solas diario. Lea un pasaje completo varias veces antes de continuar estudiando. Busque los pequeños detalles que podría haber pasado por alto y póngase «en las sandalias del escritor». Use todos sus sentidos para entrar en la historia a medida que la lee. La lectura de la Biblia le fortalecerá porque usted ha estado escuchándola y leyéndola por sí mismo. Tenga en cuenta lo que dice Salmos 119:18: «Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanzas». Nunca subestime las maravillas que descubrirá tan solo con leer las Escrituras.

  1. Estudiar

Otra manera de consumir las Escrituras es estudiándolas. La Biblia fue escrita usando reglas literarias que todavía son aplicables el día de hoy. Las ideas se expresan a través de palabras en oraciones que se combinan para transmitir un significado. Hace años leí estas palabras de Sir Francis Bacon: «La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil y la escritura lo hace preciso». Cuando empiece a procesar sus pensamientos por medio de la escritura, eso le ayuda a aclararlos. El pastor Swindoll señala que la diferencia clave entre oír, leer y estudiar es el bolígrafo y el papel. Tomar notas le ayuda a organizar en su mente el impacto que el pasaje está teniendo en usted.

Mientras estudia y hace sus anotaciones, pídale a Dios por comprensión y entendimiento. «Iluminación» es un término que podríamos usar para referirnos a la forma en que el Espíritu guía nuestros pensamientos a través de un texto en particular. A veces aparece rápida y fácilmente, como una súbita comprensión del significado del autor. En otras ocasiones, el proceso puede parecer agonizantemente lento y deliberado. Su diligencia en el estudio demuestra su disposición a cooperar con el Espíritu Santo.

Sea como aquellos hermanos de Berea, que «tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad» (Hechos 17:11, NTV).

  1. Memorizar

La disciplina de la memorización de las Escrituras se considera una virtud frecuentemente alentada en la Biblia: El salmista escribió: «He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti…Recité en voz alta todas las ordenanzas que nos has dado» (Salmos 119:11 y 13, NTV). Pienso que en realidad está diciendo lo siguiente: «Me puse a aprender de memoria los versículos de los rollos».

Incluso desde un punto de vista práctico y cotidiano, es un gran consuelo recordar un determinado pasaje o versículo de aliento (o advertencia) a medida que avanza el día. A menudo, un texto que usted ha estado estudiando se grabará en su memoria y lo aprenderá casi sin pensarlo. Puede hacerlo memorizando un versículo a la vez. Primero, lea el versículo reiteradamente. Podría optar por escribirlo en una tarjeta y llevar esa tarjeta consigo. Puede ponerlo cerca de la pantalla de su computadora o en la visera de su auto. Puede pegarlo en el refrigerador de su cocina o junto al fregadero para poder memorizarlo mientras lava los platos. Cuando empiece a atesorar la Palabra de Dios en su corazón, descubrirá que una luz penetra la oscuridad de su entorno. Recibirá un escudo contra los peligros que le rodean, como resultado de haber memorizado la Palabra.

  1. Meditar

La última forma de interiorizar las Escrituras es meditando en ellas. El salmista menciona: «Estudiaré tus mandamientos y reflexionaré sobre tus caminos» (Salmos 119:15, NTV). Eso es la meditación: dedicar tiempo a reflexionar en la Palabra de Dios y permitir que penetre en nuestro corazón.  La meditación realza la efectividad de los otros cuatro métodos de la asimilación de las Escrituras. Es solamente a través de la meditación en la Palabra de Dios (pensando en su significado y su aplicación a nuestra vida) que descubriremos su poder transformador en nuestra vida.

Se debe trazar una línea clara entre lo que algunos llaman meditación—el abandono del enfoque mental y espiritual— y la verdadera meditación bíblica. La verdadera meditación siempre tiene un objeto. No es la capacidad de pensar en nada, es el privilegio del pensamiento sostenido sobre una cosa: la Palabra de Dios.

Sin duda, la meditación en la Palabra de Dios trae estabilidad y fuerza de propósito, como leemos en el libro de Josué: «Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas. Mi mandato es: «¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas» (Josué 1:8–9, NTV). Es cuando un pasaje ha penetrado e impregnado sus propios pensamientos que usted puede compartir ese pasaje con convicción. Y es a través de la meditación que ese cambio puede producirse en su vida.

Seis Maneras en que Estudiar y Aplicar la Biblia Contribuye al Crecimiento Espiritual

De la misma manera en que llevar una dieta saludable y nutritiva, combinada con un ejercicio adecuado nos ayuda a crecer fuertes y saludables, el estudio y aplicación frecuente de las Escrituras nos ayuda a crecer espiritualmente y madurar en nuestra fe cristiana.

En el libro de Aliméntese de las Escrituras: Encuentre la nutrición que su alma necesita, el pastor Charles R. Swindoll presenta seis maneras en que estudiar y aplicar la Biblia nos ayuda a crecer espiritualmente:

  1. Estudiar y aplicar la Biblia da sustancia a nuestra fe.

Las personas que no conocen a Dios dependen de las emociones, de la tradición y de la opinión de los demás. Todas esas fuentes carecen de sustancia. Todo eso se vuelve especialmente evidente cuando nos encontramos bajo ataque y la prueba de nuestra fe se intensifica. Jesús enseñó a Sus discípulos la importancia de edificar su fe sobre la roca firme de Su Palabra en vez de la arena movedizas de los sentimientos o la sabiduría terrenal (Mateo 7:24–27). Cuando lleguen las tormentas de la vida, y créame que vendrán, qué mejor que tener una fe firmemente arraigada en las verdades de Dios, cuidadosamente establecida a través de la disciplina del estudio y la aplicación dirigida por el Espíritu Santo.

  1. Estudiar y aplicar la Biblia nos da estabilidad durante los momentos de prueba.

Santiago escribió a los cristianos cansados ​​de la vida que «cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse» (Santiago 1:2–3, NTV). Estudiar y aplicar la Palabra de Dios proporciona los pilares que necesitamos para mantener firme nuestra fe cuando soplan los vientos de la adversidad. No nos tambaleamos en nuestra fe—sino que creemos. Y al creer, llevamos una vida más estable y efectiva.

  1. Estudiar y aplicar la Biblia nos permite manejar las Escrituras con cuidado y precisión.

Cuando el apóstol Pablo estableció su plan de sucesión ministerial, le escribió a Timoteo, su aprendiz, y lo instó a esforzarse «para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15, NTV). Ese esfuerzo al que se Pablo se refiere es el arduo trabajo leer y estudiar las Escrituras. Cuando entendemos los principales temas y parámetros teológicos de la Biblia, confiamos en la verdad bíblica en vez de las tendencias actuales del momento para atraer a las personas y servirles comidas espiritualmente nutritivas.

  1. Estudiar y aplicar la Biblia nos equipa para enfrentar y detectar errores.

Cuando nos enfrentamos a un pasaje de las Escrituras, podemos entenderlo e interpretarlo por nuestra cuenta, en lugar de depender de otra persona. A medida que crecemos en nuestra comprensión espiritual, podemos detectar más fácilmente errores sutiles y corregirlos con hechos bíblicos asegurando que lo que enseñamos a los demás es bíblico y preciso, en lugar de decir lo que creemos que las personas quieren oír (1 Juan 4:1).

  1. Estudiar y aplicar la Biblia fortalece nuestra confianza espiritual.

Mientras más crezcamos en nuestro conocimiento y aplicación de la Palabra de Dios, más confianza tendremos en articular lo que creemos y en servir alimento espiritual nutritivo. Eso nos ayuda a mantenernos firmes cuando la verdad absoluta se ve atacada por una cultura empeñada en negar la existencia de Dios y burlarse de cualquiera que siga Sus caminos (2 Corintios 3:4–5).

  1. Estudiar y aplicar la Biblia filtra nuestros temores y supersticiones.

Qué fácil es para los creyentes, especialmente aquellos jóvenes en su fe, responder con miedo a los desafíos de la vida. Pero cuando hemos establecido una prioridad de estudiar la Palabra de Dios y permitir que se infiltre en nuestras actitudes y nuestras acciones, y en nuestra enseñanza, podemos capacitar al pueblo de Dios para evitar ser irracionales y supersticiosos (2 Timoteo 1:7).

Conclusión

¿En qué etapa de desarrollo espiritual se encuentra usted en este momento? ¿Se está alimentando lo suficiente y nutritivamente? ¿Conoce bien la cocina como para prepararse sus propias comidas espirituales? ¿Está ayudando a otros a preparar sus propios alimentos espirituales? Dios permita que así sea.

Me encanta cómo lo expresa C. S. Lewis: «Si el mundo entero fuera cristiano, no importaría que fuera iletrado. Pero, tal y como están las cosas, la vida cultural existirá fuera de la iglesia, independientemente de si dentro existe o no. Ser ignorante y simple ahora —no ser capaz de hacer frente a los enemigos en su propio terreno— sería arrojar nuestras armas y traicionar a nuestros compañeros iletrados, que no tienen, ante Dios, otra defensa salvo nosotros contra los ataques intelectuales de los paganos». Y añade: «La buena filosofía debe existir, aunque no fuera más que porque la mala filosofía necesita ser respondida. El frío intelecto debe trabajar no solo contra el frío intelecto del otro lado, sino contra los confusos misticismos de los paganos que niegan el intelecto por completo. Pero, posiblemente, lo que necesitamos por encima de todo es conocimiento íntimo del pasado».

La Biblia está llena de una enorme cantidad de nutrición saludable. Para aprovecharla tendremos que cambiar nuestra dieta y pasar el tiempo suficiente en la preparación. Le animo a asumir un nuevo papel como su propio chef nutricionista. ¡Es tiempo de meterse a la cocina y comenzar a preparar suculentos manjares espirituales! Comience con quince minutos por la mañana o por la tarde y permita que su tiempo de estudio aumente con progresivamente. El siguiente artículo le ayudará a saber cómo empezar. Solo asegúrese de tener buenos recursos de estudio, como comentarios y diccionarios bíblicos y una Biblia de estudio personal.

Al preparar y servir el banquete de la verdad de la verdad de Dios, usted va encaminado a ayudar a otros a nutrirse espiritualmente y crecer fuertes y saludables en su fe cristiana.

Adaptado de Charles R. Swindoll, Aliméntese de las Escrituras: Encuentre la nutrición que su alma necesita (Carol Stream, IL: Tyndale House, 2017), 42, 43, 47, 64-75.