Jesús estuvo en constante e íntima comunicación con el Padre. Primero, se le muestra relacionándose con Su Padre en algún punto entre el Aposento Alto y el huerto. Allí está orando: «Padre, la hora ha llegado. . .» (Juan 17). Luego, a solas en el Getsemaní, oró: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya». Horas más tarde, después de haber sido clavado en la cruz, pidió: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo».
Lucas
LA SEGUNDA PALABRA— «HOY ESTARÁS CONMIGO»
Ninguna cantidad de pecado o perversidad puede superar la gracia de Dios. A Satanás le encanta distraernos haciéndonos acuerdo de nuestros fracasos pasados. Pero en Cristo tenemos el poder para vencer a Satanás y dominar la culpa de nuestro pecado (véase Apocalipsis 12:10–11). Santiago promete que, si resistimos los avances de Satanás, él huirá de nosotros (Santiago 4:7).
LA PRIMER PALABRA— «PADRE, PERDÓNALOS»
Aunque seamos cristianos, tendemos a albergar lamento, amargura e ira contra los que nos han hecho un daño tan profundo.
Misericordia más Allá de la Desdicha
Todas estas luchas terrenales que ocurren no son accidentes. Dios está en medio de ellas, obrando su voluntad soberana. Sí, es un misterio, lo que quiere decir que necesitamos misericordia especial para soportar la angustia y desdicha del dolor.
Para algunos pobres pastores
¿Por qué el Señor primero anunciaría el nacimiento del Mesías a unos pastores humildes? ¿Por qué escogería un comienzo tan innoble para un nacimiento tan importante? Quizás por la misma razón que elegiría una muerte innoble para una vida ejemplar: nosotros– pecadores indignos– necesitamos un Salvador.
María fue esa madre dispuesta
Podríamos traducir la respuesta de María de la siguiente forma: «No lo entiendo totalmente, pero lo acepto. Sé que ocurrirá tal como Gabriel lo dijo». Para ella, era suficiente que Dios había prometido realizar lo imposible.
El ángel Gabriel del cielo descendió
En algún lugar en ese mundo, existen dos lugares literales que no hemos visitado: uno es el cielo y el otro es el infierno. No hemos visto ninguno y no hemos hablado con nadie que haya estado en alguno de esos lugares, sin embargo, son tan reales como el mundo que conocemos, el mundo que podemos sentir y tocar.
La Sorpresa en el Camino a Emaús
Mientras hablaban y caminaban, Jesús fue abriéndoles su perspectiva poco a poco hasta que ellos vieron claramente cómo la Escritura hablaba que la muerte y la resurrección del Mesías eran parte de Su coronación. Ellos habían escuchado acerca de Su resurrección pero sencillamente se rehusaban creer.
¿En qué estaba pensando Jesús?
No hubo momento donde Jesús se sintiese más débil, donde tuviera más dolor, más soledad y donde se sintiera más humano, que en ese momento. Pero a pesar de la hostilidad de la injusticia, Jesús siguió confiando Su vida al Padre.
Las Últimas Veces
Él había venido a cumplir la voluntad del Padre y voluntariamente se había sometido a Su plan. Al someter Su propia voluntad, ganó una batalla importante en el camino a la victoria.

