LA SÉPTIMA PALABRA— «PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU».

Jesús estuvo en constante e íntima comunicación con el Padre. Primero, se le muestra relacionándose con Su Padre en algún punto entre el Aposento Alto y el huerto. Allí está orando: «Padre, la hora ha llegado. . .» (Juan 17). Luego, a solas en el Getsemaní, oró: «Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya». Horas más tarde, después de haber sido clavado en la cruz, pidió: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo».

LA SEGUNDA PALABRA— «HOY ESTARÁS CONMIGO»

Ninguna cantidad de pecado o perversidad puede superar la gracia de Dios. A Satanás le encanta distraernos haciéndonos acuerdo de nuestros fracasos pasados. Pero en Cristo tenemos el poder para vencer a Satanás y dominar la culpa de nuestro pecado (véase Apocalipsis 12:10–11). Santiago promete que, si resistimos los avances de Satanás, él huirá de nosotros (Santiago 4:7).

Misericordia más Allá de la Desdicha

Todas estas luchas terrenales que ocurren no son accidentes. Dios está en medio de ellas, obrando su voluntad soberana. Sí, es un misterio, lo que quiere decir que necesitamos misericordia especial para soportar la angustia y desdicha del dolor.

Para algunos pobres pastores

¿Por qué el Señor primero anunciaría el nacimiento del Mesías a unos pastores humildes? ¿Por qué escogería un comienzo tan innoble para un nacimiento tan importante? Quizás por la misma razón que elegiría una muerte innoble para una vida ejemplar: nosotros– pecadores indignos– necesitamos un Salvador.

María fue esa madre dispuesta

Podríamos traducir la respuesta de María de la siguiente forma: «No lo entiendo totalmente, pero lo acepto. Sé que ocurrirá tal como Gabriel lo dijo». Para ella, era suficiente que Dios había prometido realizar lo imposible.

El ángel Gabriel del cielo descendió

En algún lugar en ese mundo, existen dos lugares literales que no hemos visitado: uno es el cielo y el otro es el infierno. No hemos visto ninguno y no hemos hablado con nadie que haya estado en alguno de esos lugares, sin embargo, son tan reales como el mundo que conocemos, el mundo que podemos sentir y tocar.

Una Preocupación, o dos, o tres

Nos preocupamos por la muerte: la nuestra o la de algún ser querido. Nos preocupamos por la desobediencia y el pecado, y por los sentimientos de culpa. Nos preocupamos por los problemas diarios: personas problemáticas, problemas de decisión, problemas relativos al trabajo, al lugar, a las relaciones personales, a las finanzas, a los estudios . . . lo que sea que se le ocurra, nos preocupamos por eso.

Descontento Para Siempre

La codicia es diferente. La codicia está para siempre descontenta y por consiguiente insaciable está con antojos, anhelando, queriendo, procurando más, más, más.

Una Perspectiva Apropiada

¿Puede pensar en algo que ha echado raíces en su corazón? ¡Suéltelo! ¡Entrégueselo al Señor! Sí, puede ser doloroso . . . ¡pero cuán esencial!