¿Qué estás acumulando? Si tu vida se mide en lo que es susceptible a la polilla y a la herrumbre —títulos, propiedades, reputación profesional, ahorros— estás construyendo un imperio que se derrumbará. Pero si vives con la integridad de Daniel, depositando fidelidad cotidiana en el banco celestial, estás construyendo un testimonio que sobrevivirá los siglos. Y, lo que es más importante, te recibirá en la eternidad como tesoro que no se desvanece.
Mateo
Fundados en la Roca
Hay muchos cristianos hoy que conocen mucho y viven poco de lo que conocen. Saben de oración, pero no oran. Saben de generosidad, pero acumulan. Saben de perdón, pero guardan rencor. Construyen casas sobre arena de buenas intenciones. Y cuando la tormenta llega, las casas caen.
Siempre recibimos lo mejor de Dios
Si la primera lección es no esperar lo que merecemos de la gente, la segunda es contraria: siempre recibimos de Dios lo mejor para nosotros. No lo dudes. Lo mejor de Dios puede no parecerse a lo que esperamos ni llegar cuando creemos necesitarlo. Pero no debemos dudar de Su cuidado ni de Su carácter mientras soportamos el dolor de esperar.
Cuando la trampa devora al cazador
Salomón lo expresó con sabiduría: «El que cava un foso caerá en él, y el que rueda una piedra, sobre él volverá» (Proverbios 26:27, NBLA). No es magia ni superstición. Es justicia divina. Hay un orden moral en el universo creado por Dios, y aunque a veces parece que la maldad triunfa por temporadas, al final el justo es vindicado.
La pregunta que solo Dios responde
Quizá tú también estás esta mañana ante un foso, gritando con voz angustiada: «¿puede Dios?». ¿Puede Él restaurar este matrimonio? ¿Puede Él sanar este cuerpo? ¿Puede Él reconciliar esta familia? ¿Puede Él hacer algo con este desastre que yo mismo he causado? La respuesta de la Escritura es siempre la misma: «Para Dios todo es posible» (Mateo 19:26, NBLA). No siempre Él hace lo que esperamos como esperamos. Pero siempre puede. Y siempre actúa, en Su tiempo y de Su manera, a favor de los suyos.
La piedra y el sello
Quizás algo en tu vida parece sellado. Una puerta cerrada. Un diagnóstico definitivo. Una relación irreparable. Un sueño enterrado. Y el sello tiene los anillos de las autoridades humanas: doctores, jueces, líderes, expertos. Pero recuerda: ningún sello humano resiste el toque de Dios cuando llega Su tiempo. Las piedras se mueven. Los sepulcros se abren. Los fosos se vacían. Solo confía y espera.
Un lugar para encontrarse con Dios
Jesús enseñó esto mismo: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6:6, NBLA). Hay algo poderoso en tener un lugar dedicado al encuentro con Dios. Un rincón. Un sillón. Una mesa. Lo que sea, pero algo definido.
La estabilidad en medio de la tormenta
Daniel no era estable porque sus circunstancias fueran estables. Era estable porque su fundamento lo era. Esa es la diferencia que cambia todo. Mientras quienes lo rodeaban se aferraban a títulos y palacios, Daniel se aferraba a un Dios que no cambia. Cuando los títulos cayeron y los palacios se derrumbaron, su fundamento siguió intacto. En esta serie recorreremos juntos su historia, y descubriremos no solo lo que Daniel hizo, sino quién lo sostuvo.
Una luz contra el telón oscuro
Nuestra vida puede ser la única luz que algunas personas verán jamás. Nuestro testimonio puede ser el único evangelio que algunos leerán. En un mundo que se oscurece cada vez más, las luces individuales importan más, no menos.
Una lista para verificar tu gozo perdurable
Según un estudio norteamericano reciente, cuatro de cada diez estudiantes de secundaria experimentan persistentemente tristeza y desesperanza. A los adultos tampoco les va bien, uno de cada cinco dice tener síntomas de ansiedad y depresión.[1] En suma, la felicidad rara vez quiere quedarse. Me refiero a la felicidad perdurable, una sensación inquebrantable de contentamiento. Independiente … Lea más

