«La gente no vive solo de pan, sino que vivimos de cada palabra que sale de la boca del Señor». (Deuteronomio 8:3, NTV)

Por años, desde que deposité mi confianza en Cristo como el Salvador y Señor de mi vida, cada vez que escuchaba un buen sermón o alguna enseñanza bíblica profunda, salía de la reunión asombrado preguntándome cómo a esa persona le fue posible encontrar todo eso en el texto de las Escrituras. Anhelaba tener la suficiente capacidad para descubrir por mí mismo esas verdades. Además, con frecuencia me sentía culpable porque la gente constantemente me decía que debía estudiar la Biblia, pero cuando lo intentaba, no sabía cómo abordarla. Así que me desanimaba y me daba por vencido. Desde aquellos días de frustración, he descubierto que la mayoría de los cristianos sinceramente quieren estudiar la Biblia por su cuenta, pero no saben cómo abordarla. Con frecuencia se preguntan dónde deben comenzar a leer primero, y las respuestas que reciben son variadas. Sin embargo, en algún punto en el camino se cansan y detienen, abandonando esta noble idea de leer la santa Palabra de Dios. Lo cierto es que no necesitan más exhortaciones, sino algunas instrucciones para lograrlo. El propósito de esta serie de artículos es más que ayudarle a leer la Biblia por su cuenta, sino proveer un método de estudio que le ayudará a nutrir espiritualmente su alma al comprender mejor el significado de las Escrituras.

Es bien sabido que una salud óptima requiere una nutrición óptima. Lo mismo sucede con nuestra vida espiritual. Sin una nutrición bíblica suficiente y constante, nuestra vida interior comenzará a sufrir las consecuencias. Cuando dejamos de apartar un tiempo para digerir el alimento espiritual saludable, nos volvemos superficiales y egoístas, más exigentes y menos amables, y reaccionamos con impaciencia, apresuramiento y enojo. Estos son los síntomas de una mala nutrición espiritual en nuestra vida.

La Palabra de Dios es el pan que anhela nuestra alma, pero ¿cómo podemos obtener sus nutrientes? En el libro Aliméntese de las Escrituras: Encuentre la nutrición que su alma necesita, el pastor Charles R. Swindoll nos comparte una receta muy personal para lograr una nutrición espiritual óptima. Como todo un chef ejecutivo, este amado escritor se pone su gorro y uniforme de cocinero y nos comparte algunas técnicas probadas y comprobadas que él mismo a diario utiliza en la privacidad de su estudio personal.

El pastor Swindoll reitera que estudiar y compartir la Biblia es muy parecido a cocinar un alimento. Primero, se reúnen los ingredientes del platillo que se desea cocinar, luego se procede a la preparación de la comida, hasta que finalmente se sirve el banquete que se ha elaborado para el deleite personal y de alguien más. Cada principio de este método de estudio se presenta de tal manera que cualquier creyente puede seguir los pasos sugeridos y ser capaz, por su cuenta, de obtener la nutrición que su alma necesita al alimentarse continuamente de las Escrituras.

Durante los próximos meses, en este boletín de Vivencias, compartiremos con usted un artículo consecutivo que le guiará paso a paso a entender la Palabra de Dios, observando e interpretando el texto en su contexto, así como la aplicación práctica del mismo. Confío que con el estudio de este material y la puesta en práctica de las herramientas que se le presentan, no solo tendrá la satisfacción de abrir las páginas de su Biblia sin sentirse temeroso ni intimidado, sino que además podrá compartir con los demás, lleno de confianza, lo que averigüe de su estudio de las Escrituras. Usted podrá sentir el gozo del descubrimiento personal, así como la gran satisfacción de ayudar a otros a que adquieran un mejor entendimiento de la verdad de Dios.

Permítanos, pues, poner en sus manos esta receta, con el deseo de que usted la comparta otras personas para que ellas también puedan probarla y pasarla a otros. El anciano apóstol Pablo escribió estas palabras a Timoteo, su más joven amigo, quien pastoreaba a la iglesia de la antigua Éfeso: «Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros» (2 Timoteo 2:2, NTV). Al terminar de leer esta serie de artículos, usted conocerá las tres etapas necesarias para preparar el alimento espiritual y nutritivo de la Palabra de Dios: reunir los ingredientes, preparar la comida y servir el banquete a otros con gran alegría y tranquila confianza. Así que, ¡comencemos!

PRIMERA ETAPA: REUNIR LOS INGREDIENTES

¿Qué hay en el menú?

Una descripción general de la Biblia: Su menú completo de cuatro tiempos para el alimento espiritual de por vida.

Es importante tener en cuenta que un menú completo se compone de varios tiempos. Se llaman «tiempos» a los platillos que se ofrecen y sirven durante una comida o cena. Estos pueden ser de tres, cuatro o cinco tiempos, según sea la ocasión. Sin embargo, el más acostumbrado es el de cuatro tiempos: Primer tiempo: botana o entremés; segundo tiempo: entrada; tercer tiempo: platillo principal o plato fuerte; cuarto tiempo: postre.

De la misma manera que el menú completo de una comida se compone de una cantidad variada de platillos, la Biblia está compuesta de una cantidad variada de estilos literarios. Por lo tanto, a medida que usted aprenda la manera adecuada de alimentarse de las Escrituras por sí mismo y preparar sus propias comidas espirituales, es importante que sepa qué es lo que hay en el menú. Tal vez al finalizar esta descripción general de la Biblia, usted comenzará a sentir hambre por el alimento espiritualmente nutritivo y satisfactorio de las Escrituras—la mezcla heterogénea de la sabiduría y dirección de Dios que transforman la vida.

Primer Tiempo: Entremés

Para comenzar, a manera de entremés, pruebe algunos sabrosos aperitivos de información acerca de la naturaleza de la Palabra de Dios. La Biblia se compone de 66 libros individuales, algunos en forma de cartas personales, crónicas amplias de períodos históricos y grandes narrativas o historias magistralmente compuestas que cuentan acerca del trato de Dios con individuos, familias y naciones enteras a lo largo del tiempo. Cada palabra de cada libro de la Biblia escrito por autores humanos— ¡40 de ellos! —ha sido inspirada por Dios a través de Su Espíritu Santo. Esto es lo que el apóstol Pablo quiso decir cuando explicó a su aprendiz de ministerio, Timoteo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto» (2 Timoteo 3:16, NTV).

La Biblia está dividida en dos secciones principales: el Antiguo Testamento, una amplia variedad de escritos magistrales que apuntan al platillo principal que viene—el Mesías prometido de Dios, Su Hijo Jesucristo, y el Nuevo Testamento, que revela la plenitud de Jesús como el Mesías a través de una representación colorida y profunda de Su vida y ministerio, y su principal propósito de redimir al mundo del pecado.

PERGAMINOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO     

      • LEYES: Génesis – Deuteronomio
      • HISTORIA: Josué – Ester
      • POESÍA: Job – Cantar de los Cantares
      • PROFETAS MAYORES: Isaías – Daniel
      • PROFETAS MENORES: Oséas- Malaquías

PERGAMINOS DEL NUEVO TESTAMENTO

      • EVANGELIOS: Mateo – Juan
      • HISTORIA: Hechos
      • CARTAS DE PABLO: Romanos – Filemón
      • CARTAS GENERALES: Hebreos – Judas
      • PROFECÍA: Apocalipsis

Curiosamente, los libros de la Biblia no están ordenados cronológicamente. Eso puede traer cierto grado de confusión para alguien que recién comienza el proceso del estudio de las Escrituras. Por lo tanto, es útil saber que la Biblia está organizada más como un variado bufé de comidas, donde las sopas y ensaladas están en una sección, las carnes y acompañamientos del platillo principal están en la siguiente sección y las frutas, panes y sabrosos postres se encuentran al final del largo y delicioso bufé. Otra forma de entenderlo, como sugiere el pastor Swindoll, es que «la Biblia está organizada de manera similar a un periódico. . . Todas las noticias están puestas en una sección, los artículos sobre deportes y las estadísticas están en otra, las historias de negocios o estilos de vida están agrupadas en una sección distinta y los avisos clasificados en otra más» (Swindoll, Aliméntese de las Escrituras, p. 5).

Del mismo modo, en la Biblia, el Antiguo Testamento comienza con una sección de libros que marcan períodos de la historia antigua, desde Génesis hasta Ester. Después de ese grupo están los libros de poesía y cantos, desde Job hasta el Cantar de los Cantares de Salomón. El despliegue final de deliciosos bocadillos que se encuentran al fin al del Antiguo Testamento son los libros de profecía, desde Isaías hasta Malaquías.

Del mismo modo, el Nuevo Testamento ofrece una variedad de opciones sabrosas que juntas proporcionan comidas espirituales ricas y satisfactorias. Los Evangelios, que incluyen los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan presentan las maravillosas Buenas Noticias de la vida, muerte y resurrección de Jesús, seguidos por el libro de los Hechos, una maravillosa historia escrita por Lucas, acerca del nacimiento y crecimiento de la iglesia de cristiana.

Lo que sigue son las cartas (¡platillos completos en sí solas!) divididas en las cartas de Pablo, que incluyen desde Romanos hasta Filemón, y las cartas o epístolas generales, que incluyen desde Hebreos hasta Judas. Finalmente llega el libro de Apocalipsis, que es un libro de profecía escrito por el apóstol Juan.

TIPOS DE LIBROS EN LA BIBLIA

El Antiguo Testamento
Libros de Historia: Génesis a Ester
Libros de Poesía: Job a Cantar de los Cantares
Libros de Profecía: Isaías a Malaquías

El Nuevo Testamento
Los Evangelios: Mateo a Juan
Libro de Historia: Hechos
Las Cartas: Romanos a Judas
Libro de Profecía: Apocalipsis

Toda esta información es solo una preparación, algo así como un delicioso entremés para despertar su apetito por una comida espiritual completamente satisfactoria, preparada directamente de las Escrituras. ¿Ya le dio hambre? Entonces prepárese para el segundo tiempo del menú.

(El próximo mes continuaremos con el segundo tiempo del menú, la entrada, para su alimento espiritual).