El camino, la verdad y la vida

La ironía mayor es que, después de tres días, la vida conquistó a la muerte cuando salió de la tumba. Jesús es la única fuente de vida en un mundo de muerte, la única plomada de verdad en un mundo de mentiras y el único camino correcto a Dios en un mundo de mal.

La resurrección y la vida

Las Escrituras siempre hablan de la muerte de dos maneras: física y espiritualmente. La muerte física es la separación del cuerpo y el alma. La muerte espiritual es la separación eterna del alma y de Dios. Y sin Cristo, ambas definiciones de muerte dejan un vacío desesperanzador en esta vida y en la venidera.

Hijo de Dios

Los judíos estaban bajo la ocupación romana y sin la voz de un profeta que les dé palabras nuevas de parte del Señor,
lo cual les recordaba a los judíos cada día de la consecuencia de su idolatría, la razón por la que Dios había retirado Su bendición y protección.

El Buen Pastor

Nuestro Gran Pastor, que conquistó la muerte, está alerta y nos protege con Su vara y Su callado. Por lo tanto, no tenemos nada que temer, ni enemigos ni el mal ni la muerte, pues somos las ovejas ungidas de Su rebaño.

Pan de Vida

Los que han probado el Pan de Vida reciben vida eterna y la promesa de Jesús de que no volverán a pasar hambre. Cristo los aceptará y no los echará (6:36–40). Esta es la seguridad que tenemos, nuestra salvación está segura porque el Pan de Vida nunca caduca y siempre satisface.

Mesías

En el tiempo entre la última profecía y el nacimiento de Jesús, se estrechó la definición de Mesías. El Mesías no podía ser cualquier ungido. Él sería el ungido, un solo descendiente de David que llevaría al pueblo de vuelta a la tierra de Israel donde reinaría con justicia y reconciliaría al pueblo de Dios.

Cordero de Dios

Juan proclamó que el sacrificio de Jesús quitaría todos los pecados del mundo, no solo los actos de pecado de un individuo, sino todo pecado y no hay pecado que supere la expiación del Cordero de Dios.

El Verbo

Juan 1:14 dice que el Verbo «se hizo carne» y habitó con nosotros. Él, quien era inmortal, se hizo carne, dejó Su trono de gloria para estar con nosotros. En esencia, se hizo hombre para ser Emanuel, «Dios con nosotros», para que a través de Él pudiéramos leer el corazón de Dios, no de mano de los profetas, sino directamente de Su Hijo, el Verbo.