Pregunta: Descubrí algunas fotos pornográficas en nuestra computadora personal, y enfrenté a mi marido acerca de ellas. Él admitió que había estado curioseando algunos sitios, pero él dijo que no es un asunto tan grande o preocupante. Él también dijo que todos los hombres tienen sus vicios, incluso cristianos, y que no debo preocuparme de eso. He intentado ponerlo fuera de mi mente, pero no puedo librarme del pensamiento de que mi marido está codiciando a otras mujeres. Ahora sus acciones, y mis pensamientos acerca de esto, están afectando nuestra intimidad sexual. Mi marido dice que conquistarlo es mi problema. ¿Estoy equivocada por estar molesta?

Respuesta: Compartimos su preocupación, y deseamos animarle que sus sentimientos son válidos. La pornografía corrompe a hombres y degrada a mujeres. Sus acciones deben molestarle.

Si su marido lo admite o no, él tiene un problema. Él puede decir que usar pornografía es algo normal para un hombre. Él puede creer que es un desahogo sano para una frustración encerrada o para aliviar el estrés-como hacer ejercicios en el gimnasio. Él puede incluso decirle que la pornografía que ve pueda ayudarles en su intimidad sexual y animarle a involucrarse.

No se engañe. La pornografía envenena a los dos y sus relaciones. Destruye el principio sagrado sobre el cual se basa la unión matrimonial-exclusividad. Recuerde las palabras de Jesús,

Oísteis que fue dicho: «No cometerás adulterio.» Pero yo
os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla,
ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5:27-28).

Su marido puede decir que él puede guardar su mundo de fantasía separado del mundo real, pero según la enseñanza de Jesús, no podemos dividir en compartimientos nuestras vidas así. Imaginar el sexo adúltero no es menos pecaminoso que participar en él. La pornografía agota la energía emocional de una unión, y tiene el mismo efecto destructivo de una aventura sexual. Ver la pornografía es como traer a otras mujeres en su relación, y usted tiene el derecho de sentirse violada.

Los autores de Placer Puro: Haciendo su Matrimonio una Gran Aventura, un libro cristiano (disponible en inglés) sobre el sexo matrimonial, reconoce estos sentimientos y aconseja a las mujeres fijar estándares de cómo desean ser tratados por sus maridos:

Una esposa debe tener el valor de escuchar las necesidades
de su marido y sus preferencias sexuales, pero ella no debe permitirse que la reduzcan a una ejecutante en el estreno de las fantasías egoístas de su marido. Es aceptable decir no en una relación íntima cuando se siente que ella está siendo aprovechada más que amada.1

Quizás la última frase encapsula su sentimiento—el de sentirse aprovechada más que amada. Usted se siente como una de las mujeres en las páginas de su revista, una ejecutante más que una persona. Si esto es la verdad, entonces compartir esos sentimientos con su marido es muy importante.

El confrontar el comportamiento de su esposo es apropiado. De hecho, el ponerse en contra del uso de la pornografía que él está mirando, usted pudiera salvarle la vida. En Proverbios 5, después de describir el encanto de la mujer adúltera, el escritor termina con esta amenaza seria:

“¿Por qué has de embriagarte, hijo mío, con una extraña, y abrazar el seno de una desconocida? Pues los caminos del hombre están de los ojos del SEÑOR, y Él observa todos sus senderos. De sus propias iniquidades será presa el impío, y en los lazos de su pecado quedará atrapado. Morirá por falta de instrucción, y por su mucha necedad perecerá (Proverbios 5:20–23, énfasis añadida).

Él podría decir que puede manejarlo. Pero aunque él pudiera, una porción de su vida morirá por la falta de la disciplina moral. Su marido jamás crecerá en su relación con Cristo mientras que él está utilizando pornografía. Entonces, va a llegar a ser un asunto en el que solamente él pueda solucionar: esclavismo a la pornografía o libertad en Cristo.

Esperamos que esto haya confirmado que usted está en el camino correcto. Lea los artículos La Verdad Impactante y El Poder de la Verdad en nuestra página Web para encontrar pasos que usted puede tomar para ayudar a su marido.

No enfrente a su marido sin tener una estrategia cuidadosamente hecha, que pudiera incluir leerle una carta que usted le ha escrito que describe cómo su problema la está lastimando, al igual que lastimándolo a él, su matrimonio, y sus niños. Usted necesitará presentar esta carta en el tiempo apropiado y de la manera apropiada. Si su marido no escucha sus preocupaciones, hable con su pastor e intente conseguir su ayuda. Su pastor o un consejero le ayudarán a organizar su plan sabiamente. Sobretodo, ore por su marido. Una batalla espiritual está ocurriendo. Usted necesitará la ayuda de Dios para romper las áreas de la resistencia en su alma.

  1. Bill and Pam Farrell and Jim and Sally Conway, Pure Pleasure (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1994), 108.