Mesías

En el tiempo entre la última profecía y el nacimiento de Jesús, se estrechó la definición de Mesías. El Mesías no podía ser cualquier ungido. Él sería el ungido, un solo descendiente de David que llevaría al pueblo de vuelta a la tierra de Israel donde reinaría con justicia y reconciliaría al pueblo de Dios.

Cordero de Dios

Juan proclamó que el sacrificio de Jesús quitaría todos los pecados del mundo, no solo los actos de pecado de un individuo, sino todo pecado y no hay pecado que supere la expiación del Cordero de Dios.

El Verbo

Juan 1:14 dice que el Verbo «se hizo carne» y habitó con nosotros. Él, quien era inmortal, se hizo carne, dejó Su trono de gloria para estar con nosotros. En esencia, se hizo hombre para ser Emanuel, «Dios con nosotros», para que a través de Él pudiéramos leer el corazón de Dios, no de mano de los profetas, sino directamente de Su Hijo, el Verbo.

María y Marta: Esperar y dudar

Por mucho que intentemos, es difícil entender lo que parece ser una contradicción. Después de todo, es difícil sentir el amor de Dios cuando hemos clamado a Él quizás por años y parece que nos ignora.

«CONSUMADO ES»

Cristo cumplió la voluntad del Padre con respecto a la derrota del diablo. El grito final de Cristo al exclamar «¡Consumado es!» confirmó la eterna sentencia divina sobre Satanás, el enemigo de nuestras almas.

«TENGO SED»

Las siete profundas expresiones que Jesús pronunció desde la cruz, antes de Su muerte, enfatizan con gran claridad Su indiscutible humanidad. Ellas ilustran claramente que Cristo era uno de nosotros. No cabe duda de que no solo era Dios, sino también plenamente humano.

«¡HE AHÍ TU HIJO!» «¡HE AHÍ TU MADRE!»

Jesús, el inocente Cordero de Dios, estaba muriendo una muerte horrible por los pecados del mundo, mientras observaba que al pie suyo estaban los encallecidos soldados romanos ¡jugándose Sus ropas! Una túnica sin costura valía más para estos hombres impíos que el Salvador del mundo.

¡Maravilloso Es!

Es difícil saber si en esas primeras horas, Dios le dio a María una breve premonición de los años por venir, cuando alguien señalaría a su Hijo y diría: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” o aquel momento cuando la promesa se cumpliría y una espada penetraría Su alma.